3.11.09

Los tiempos del blog

Mis tiempos no son los tiempos del blog. Este mes sin escribir es, en tiempo de blog, casi como un año sabático en la vida de una persona. Y es que la vida digital se mide por presencia continua. Una hora es un día, un día es un mes, un mes es un año. Para existir en el mundo digital, deben vernos varias veces por día, o todos los días –al menos- para no olvidarnos. Como cualquier casa de putas que se precie, las visitas determinan nuestra fama.

Algunos optan por la opción fácil: que te pego una fotito, que te clavo un videito, un powerpoint o cualquier frase robada y graciosa, cuando no una noticia. Los que nos preocupamos por dar algo de contenido real y original y, peor aún, escrito, tenemos otros tiempos. O nos pasamos la vida dedicada al blog, o a la escritura que cada vez es más la misma cosa, aunque García Márquez se escandalice.

En este mes me pasaron tantas cosas que no pienso contarles ninguna. Prefiero quedarme con la idea que mi eterna responsabilidad hacia todo lo que hago me hizo sentir mal por no escribir en este humilde y cada vez menos leído espacio. Sumando eso a que me bajé de Facebook, la realidad paralela más extendida del momento, puedo afirmar orgulloso que volví a contar con no más de 10 lectores fieles y unos cuantos curioso cuya carga laboral ridícula les permite disfrutar esto.

Supongo que uno no puede más que reproducir en el mundo digital lo que tiene, lo que es y lo que quiere en el real. No tengo 500 amigos, tampoco Facebook, tengo unos pocos y muy buenos, varios de ellos son mis lectores. No nos vemos todos los días, aunque quisiéramos, pero nos leemos de vez en cuando con mucho gusto. Ellos, mi imaginación y este maravilloso tiempo inútil que abunda en mi trabajo son los que me permiten escribir, pensar y reírme de los tiempos del blog, que no son mis tiempos, ni los de la vida, pero ahí están, acechando.